Mensaje de Rodolfo a los Organizadores del Recital-Homenaje

Para los organizadores del Recital – Homenaje

A los amigos de Julián

Por la memoria...
contra el silencio
y el olvido...

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Les escribe Rodolfo, papá de Julián. Si bien no puedo acercarme hoy a compartir físicamente con ustedes este valioso acontecimiento que han programado, quiero hacerlo a través de estas palabras.

Pasaron ya tres meses de ese horrendo momento que miles de jóvenes vivieron en el barrio de Once. Muchos, como ustedes, han podido sobrevivir a esa trampa y hoy pueden reunirse para recordar, para homenajear a los que no están y para asumir el compromiso de luchar porque hechos como ese nunca más ocurran en nuestro país.

Pasados tres meses, algunos de nosotros estamos aún atrapados por el dolor y el asombro, atravesados por la violencia sin límite que provoca una injusticia tan certeramente dirigida a los más jóvenes, a los más buenos, a los que tienen aún todo para dar y para recibir en el mundo. Esa violencia, esa injusticia, nos dejó sin mi hijo Julián y sin otros doscientos, todos hijos de otros padres, todos hermanos de otros hermanos, todos amigos de otros amigos, como ustedes.

 

El latín, que es madre de nuestro idioma, tiene un verbo, stupere, que significa quedarse quieto, inmóvil, paralizado, mentalmente detenido como delante de un cartel que dijera stop. De ahí deriva la palabra estúpido: hombre que permanece entrampado por un problema sin atinar con la salida, aunque a veces adopte la agitación convulsa de una mariposa encandilada por una luz muy fuerte o los movimientos desesperados de un animal dentro de una jaula. Las dos únicas reacciones de la estupidez serán la resignación o la violencia caótica, dos falsas salidas, dos fracasos.

También deriva el término estupor, como disminución o paralización de las funciones cerebrales. Eso fue lo que me provocó esta tragedia personal. Me paralizó la inteligencia, me detuvo el corazón y me fracturó las ganas de construir la vida con lo demás. Fue un golpe muy fuerte, del que nunca podré reponerme. Sólo me queda recuperar algo de la voluntad y seguir la fuerza que ustedes están poniendo para la memoria y la justicia.

 

Quiero decir algo de Julián. Juli fue un niño y un joven con gran apego por la vida. Mantuvo muy alto el valor de la amistad y cultivó con energía tres pasiones: el conocimiento, el deporte y la música. Por el conocimiento podía pensar muchas cosas y actuar con gran madurez frente a la vida, a la que aún asomaba. Por el deporte se mantenía activo y en permanente ejercicio del espíritu de juego, cooperación y desafío por superarse. La música y los músicos formaban parte de su modo de crecer, de sentirse joven y de estar presente en la creación, la expresión, el arte. Él intentaba ejercer sus derechos. Por ello tuvo problemas. Peleas con nosotros, los padres, peleas con árbitros, matones y ladrones. Discusiones con profesores, problemas con directores. Perdió un año en la escuela, fue sancionado en el básquet, le robaron, sufrió en casa, se peleó con algunos compañeros. Pero supo mantener alta la dignidad en todos sus actos. Esa mezcla de curiosidad, pasión y entrega a los amigos le valieron los problemas pero también el respeto y el amor de los que lo conocimos.

Julián era uno de ustedes, como ustedes. Con muchos deseos de vivir y ser feliz. Era uno de los nuestros, de los que pelean por que el mundo sea mejor. Era un chico de hoy que quería construir el futuro.

Pero en medio de su camino se cruzó esa noche fatal del 30 de diciembre de 2004. Y allí, en una combinación trágica de codicia, corrupción e irresponsabilidad, se cortó el camino de esa vida, que seguramente hubiera sido una vida luminosa aunque difícil, como la de todos los chicos de esta generación, que llegan a un mundo lleno de injusticia, pobreza y descuido por los derechos de la gente.

Y de eso se trata, de derechos. El derecho a la vida es el último y fundamental. Ese derecho a Julián se lo han cortado de raíz. Pero también a todos ustedes se les ha recortado el derecho a la libre expresión de la alegría y el espíritu de ser joven.

Por eso nosotros creemos muy importante el reclamo por la justicia y que todos los responsables paguen por su delito. La justicia debe ser ejemplarizadora para que hechos como estos no se repitan y nuestros jóvenes puedan ejercer sus derechos con toda libertad y con la seguridad de estar cuidados y protegidos. Y hablamos del derecho de estudiar en escuelas seguras, confortables y preparadas para la enseñanza; hospitales equipados para ser atendidos cuando es necesario, instalaciones adecuadas y docentes capacitados para hacer deportes en forma saludable; lugares decentes para juntarse a escuchar música; con grupos musicales que cuiden a sus seguidores y condiciones sociales para conseguir empleo digno y poder continuar con los estudios secundarios y universitarios.

 

Para terminar, les pido que me perdonen por una nueva referencia lingüística. Debo mencionar otro derivado de stupere: el estupefaciente, que es aquello que paraliza, que oculta los hechos, que no deja pensar. En nuestra cultura funcionan varios de ellos. Además de las drogas que distraen y consumen la inteligencia de las personas, también está el humo de las bengalas, que no dejan ver el peligro, los falsos referendums revocatorios, que intentan meter el perro corriendo el eje de las responsabilidades, los falsos recitales a beneficio, que inventan los músicos para relegitimarse y aumentar sus ingresos usando a los muertos como trampolín. Estupefacientes son también los medios de comunicación que bombardean con noticias para vender sus productos y luego olvidan las raíces de los problemas que provocan las masacres.

Por todo ello es tan importante esto que ustedes están haciendo: luchar por la memoria, contra la estupidez de quedarse quietos cuando el mundo tiene que cambiar, ser distinto, ser mejor, para que los jóvenes puedan ser felices en este mundo.

 

Todo ello es hacer justicia para los chicos que murieron en Cromañón. Pues es necesario construir un buen lugar para ser joven en la Argentina, lugar que no tuvieron nuestros chicos muertos. Un lugar para construir la vida y desarrollar los proyectos personales.

Adhiero entonces a este homenaje a los que ya no están y hago mi homenaje a ustedes, los que sí están y van a luchar por lograr que tanta muerte se transforme en conciencia para que juntos los argentinos construyamos un mundo más habitable y los jóvenes puedan crecer honrando la vida.

 

Julián y los chicos de Cromañón:

Presentes.

Hoy y siempre!!

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