Una chispa de luz en la negrura,
un llanto, un amargor,
una criatura
buscando un corazón, una dulzura.
Un canto pese a todo, que resiste,
una mirada triste
que se asoma
al dolor en el mundo que lastima.
Un aroma
de lejanas auroras que aproxima
el corazón rebelde a la injusticia.
Un florecer de sueños, de caricias,
un vahído de amor,
una ternura
ya nunca sola, ya siempre entrelazada.
Y en un recodo atroz, una emboscada
artera, oscura;
la sombra te esperaba con tu nombre
en su agenda infinita,
en su impostura.
Y sin embargo, Julián, ella te llora.
La muerte oyó tu voz, miró tus ojos,
y la muerte se muere
en tu llamita,
en los carbones rojos
que dejaste
ardiendo entre los hombres.
Por Juan Rozengardt (Juan Rosales) |

 |