Carta de Marina D'Eramo

Marina cuenta la historia de su amistad con Juli. Se trata de un mail enviado a Adrián, como respuesta al mail publicado en Clarín como correo de lectores. Otra vez, inmensamente Juli...

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No se bien como comenzar este mail, simplemente porque mi cabeza ya no puede pensar. Mi nombre es Marina D'Eramo, y honestamente no recuerdo si nos conocimos alguna vez... soy amiga de Julián...

Ayer mi papá me trajo el diario, y me señaló su nombre firmando una carta. Sabía que tenia que prepararme para lo que iba a leer, pero de todas formas no pude evitar las lagrimas de nuevo. No tiene idea de como comparto su dolor, el de todos... Julián era mi mejor amigo, mi estandarte. Lo conocí en el colegio, en la escuela 17, cuando yo estaba en noveno año, y el en octavo. Nunca fui de muchas palabras, pero esta vez no lo necesité. Se acercaba y charlaba, de música, de la rock&pop, de libros... Teníamos (tenemos) mucho en común. Me di cuenta de que Juli no era como el resto de los chicos. Era muy adulto para su edad, muy inteligente, irónico, frontal, simpático... pero a su vez estaba pasando un mal momento. Cuando salíamos del colegio, nos quedabamos charlando en la puerta... después, cuando llegaba a su casa, hablábamos por teléfono, y algunos días venía a la tarde a "tomar el nesquick". Ju confió en mi desde el principio, cosa que me asombró. Venía a casa para distraerse de lo que pasaba en su casa, para distraerse del dolor que tenía por causa de la muerte de su amiga, Alina. No le tomó casi nada entrar en confianza con mis padres (sobre todo con mi mamá)... mi papá estaba contento de tener un hombre con quien leer el diario a la tarde. Básicamente, lo que Ju hacia al llegar a casa era guardar la bici atrás de un sillón, saludar, ojear el diario, abrir la heladera, hacerse un nesquick (o pedirme que lo haga, cuando solo tenía ganas de molestarme... je), buscar las galletitas (razón por la cual mi mamá compraba galletitas que a él le gustaran, porque era el único que las comía... eso si, tenía la cortesía de avisar cuando se acababan) y sentarse en el sillón tras sacarme el control remoto de las manos. Y entonces procedíamos a divagar sobre todo, a satirizar la tv, a charlar y "engordar nuestros cuerpos" como solía decir. Los viernes nos juntábamos en mi casa a ver una película, usualmente con otros amigos, después de que salían de jugar al fútbol (imagínese). Al año siguiente yo me pasé al secundario de al lado, el colegio Rivadavia (en el que Juli estuvo este último año) y ahi si bien nos seguíamos viendo, no era tan seguido como antes. El año siguiente a ese Juli se pasó a un colegio en Capital, por lo cual nos veíamos menos aun. De todas maneras, siempre estuvimos ahí para cuando el otro lo necesitó, sin explicaciones, sin desarrollos extensos de historias de vida... solo para acompañarnos, para contenernos, para distraernos... Julián representó los mejores años de mi vida, los mejores momentos... nunca nadie, pero NADIE, me comprendió como él, nadie me conoció más que él. Era una conexión increíble la que uno establecía con Julián... sin necesidad de explicarle nada, el sabía a la perfección como me sentía, que necesitaba... y estaba siempre dispuesto a ayudarme. Ese maldito sábado en que dos de sus amigos me buscaron por todo ciudad jardín, para darme la noticia de que se había ido... el dolor se adueño de mi cuerpo, de mi alma... no podía comprender cómo, ni por qué... aún no puedo. La semana anterior me había contado via chat, que estaba en la Pampa, con el padre, y que iba a estar por Villa Gesell para el 23, para ver a La Vela Puerca, Callejeros, y otros más en el Gesell Rock, y que iba a estar parando en la playa, pues no tenía donde dormir. Yo le había ofrecido que fuera un día antes, el 22, para ver a García, que yo le conseguía pasar gratis (pues mi cuñado toca el cello con él), y de paso podía quedarse en mi casa allá, donde yo iba a estar desde antes. Me dijo que lo llamara para arreglar, que volvía el 30 a Buenos Aires. Yo no sabía que iba a estar ahí... en ese boliche de mierda. El día del desastre, me enteré que la banda que tocaba ahi era callejeros... y recordé las palabras de Julián... y pensé, para mis adentros.. "este boludo seguro que estaba ahi".. pero abandoné el pensamiento, quien sabe por qué. Nunca creí que en verdad iba a estar ahí, y mucho menos que iba a terminar como terminó... nunca. Por eso, cuando estos chicos me tocaron el timbre y me preguntaron si conocía a Julián Rozengardt, mi corazón en un segundo rogó que no fueran a decir lo que iban a decir... Y sin embargo lo dijeron... Mi amigo... mi media naranja... mi mitad de ser... el amor que yo sentía por Julián, y que aún hoy sigo sintiendo, no puede comprenderlo nadie, mas que los que lo conocieron... Realmente, una persona tan maravillosa como el no merecía esto... ninguno de los chicos merecía esto, lo se, pero él era Julián Rozengardt... el testarudo, el tierno, el que jugaba con sus primitos y primitas en los cumpleaños, el frontal, el irónico, el cínico, el que siempre me disctutía aunque supiera que tenía razón, el luchador, el sensible, el indiferente, el gracioso, el inteligente, el que siempre sabía que decir, el protector, el cariñoso, el... que era tantas cosas... que tenía tantas oportunidades que se las arrancaron por culpa de una sociedad indiferente, irresponsable, a la que nada le importa mas que el uno mismo... una sociedad con la que Juli mismo no se cansaba de discutir. Nunca tuve mucho contacto con la familia de Julián... las veces q estuve en su casa no tuve la oportunidad de charlar con Silvia, o con Diego... conocí a muchos parientes en un cumpleaños de Silvia, pero no recuerdo nombres. Julián me contaba de su padre, de la familia que el tenia en la Pampa... de la hermanita que le hacia trencitas en el verano... De su abuelo, Rosales... de sus clases en la facultad de filosofía y letras a la que entrare el año entrante, y las cuales me recomendó. Y algunas anécdotas más, que de a ratos me vienen a la mente... No tuve la fuerza necesaria para ir a su entierro. El solo pensarlo me ahogaba el pecho... el solo pensar en todo... en él... en ese infierno... no pude. Mi mamá fue, porque de alguna manera como madre necesitaba saber que era cierto... lo que ella está sufriendo, puede imaginarlo... Julián pasaba tantas tardes acá que para mi mamá era como un sobrino... lo adoraba. Me duele mucho, no puedo dejar de pensar... tengo su única foto cerca, pero no puedo mirarla sin ponerme a llorar... es cierto lo que dice, que el dolor que se siente al haberlo perdido es igual de inmenso a la alegria que Julián proporcionaba a los corazones de los que lo conocían... enorme... doloroso... Hemos sido afortunados en conocerlo, muchos se perdieron a tan maravilloso ser... Cierro los ojos y aún puedo verlo, escucharlo... sentirlo cerca. No sé bien porque escribí este mail... cuando leí su carta sentí la necesidad de hablarle... la necesidad que tengo hace dias de hablar con alguien que lo conociera bien... alguien que comprendiera. Encontré su mail en una página, le pido disculpas por la indiscrecion... perdón si lo molesté, sólo necesitaba compartir todo esto... Pensé en que tal vez le molestaría que alguien que no conoce le hablé de esto, en este momento... pero no se por que lo hice, como dije antes, mi cabeza esta confusa. Por eso sepa disculparme. Voy a dejarlo en paz ahora... espero que este sentimiento de pesadilla termine pronto, para poder recordar a Juli con una sonrisa, por haberlo conocido. Le mando un abrazo enorme, a usted y a todos los que están ahí...
Gracias, y disculpas nuevamente... Malu. - Enero 8 de 2005

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