Yo nací en 1979. Mi hermano Julián nació en 1986.

Siete años viví sin él, sin saber qué significaba tener un hermano
(no me olvido de vos, ale, pero él y yo somos varoncitos los dos).

Ahora se suma un mes a esos siete años, y les puedo asegurar a todos
que conté cada uno de los días desde este año nuevo, el peor de mi vida, y conté las horas y hasta los minutos a veces.
Lo curioso es que uno siempre cuenta de esa manera cuando la cuenta es regresiva, y se acerca un momento determinado, esperado. Hoy, y siempre, la cuenta será progresiva, más tiempo más horas días meses años toda la vida, ésa que julián ya no tiene.

Si debo ser sincero, y alguien cometiera la torpeza de perguntarme, creo que es mucho mejor así, haber sabido lo que es tener un hermano, tantos nunca lo tuvieron.
Pero no me conforma. Ni de lejos me conforma.

El 1 de enero dijo chau y ahora ya es un mes, pero es como que el tiempo está detenido.
¿Cómo se puede ser la misma persona?. No se puede. Pero lo que sigue es ¿Cómo se puede ser otro?.
¿Cómo se puede ser otro, si yo no quiero serlo, es decir, a pesar mío?.

Es increíble la cantidad de cosas que uno puede vivir con alguien cercano.
Si quisiera -y quiero muy seguido- podría estar días enteros sin interrupción trayendo hasta mí recuerdos
momentos historias pasado pasado ya no hay futuro para ellos

Sí lo hay, aparentemente, para mí y para todas las personas a quien estoy mandando este mensaje.
Pero cómo hacer cómo construir si la mejor palabra para describir lo que veo cuando miro en el espejo es: destruido.

La respuesta, supongo y sólo supongo -y también es una esperanza-, estará en el camino que viene por venir.

Diego Rozengardt

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