Julián Rozengardt
Por primera vez escribo tu nombre entero desde que te fuiste.
Incomprensiblemente te fuiste.
Te robaron de mi lado. Me agujerearon mi
costado.
Me masacraron con ausencia. Una ausencia para siempre. Una ausencia
sin retorno.
Una ausencia injusta.
Me masacraron de injusticia. Me
llenaron de soledad y silencio.
Porque vos no buscaste la muerte. Vos querías
la alegría. La música, la compañía.
Fuiste un chico sabio. Nos enseñaste a
amar a los que empuñan la guitarra con sentido, a los que la pelean.
A amar
en el amor a tu novia.
Nos enseñaste cómo se respeta los proyectos de los
otros sin abandonar jamás las propias convicciones.
La dignidad cuando
defendías a tus compañeros de las arbitrariedades de los otros.
Nos enseñaste
la irreverencia que no pierde el respeto. La respuesta rápida, sorprendente, la
que deja pensando. La otra mirada que acompaña a la que parece
única.
Pero aún no estaba el camino hecho. Había cosas que todavía
tenías para aprender.
Me necesitabas todavía. Yo hubiera podido acompañarte
un poco más. Vos lo supiste. Y lo esperabas.
No nos dieron tiempo. Nos
robaron todo lo que faltó para cuidarnos y enseñarnos.
¿Y ahora?
¿Dónde
poner todo eso que faltó para aprender.? A quién le enseño lo poco que me quedó
adentro?
¿Quién estará del otro lado del teléfono para discutir sobre mañana?
¿Quién ocupará tu cama para desordenar el altillo? ¿quién va a adornar el
mediodía al levantarse descalzo, arrastrando el último doblez del pantalón
y dejar la heladera abierta?
¿Quién me va a pedir los veinte mangos
para arreglarse con sus cosas por el resto de enero?
¿Quién me va pedir
que le habilite una pelota para tirar un rato al aro? ¿quién se va a
ofrecer para limpiar la piecita porque vienen los abuelos a dormir?
¿Quién me
va a robar un rato de preocupación para pensar qué diablos hacemos este
año?
Rodolfo Rozengardt, 6 de enero
Volver a Homenajes<<>>Julián, mi Julián<<>>Julián, mi hijo<<>>Para Juli <<>>El día siguiente<<>>Dos por 18
Imprimir Página<<>>Mail a Rodo