El
día siguiente En diez segundos envejecí sesenta
años,
los que le quitaron a Julián en diez segundos.
Cómo caminar
conmigo.
Cómo llevar mi cuerpo, tan envejecido.
El dolor sólo tiene
comienzo.
Cómo mirar con estos ojos viejos
A tantos chicos que
siguen con su vida.
Cómo hacer para no encontrar a Julián
en cada sonrisa
y peor aún, en cada carcajada.
Porque Juli era una sonrisa
provisoria,
la verdad, se cagaba de la risa.
El mundo era un lugar para
exprimirlo.
Para habitarlo a lo ancho y a lo alto.
Siempre me
sorprendía con sus preguntas,
que no se cansaba de formular; nene
preguntón.
Después encontró caminos por su cuenta
y empezó a sorprenderme
con sus respuestas,
sus comentarios, sus ideas.
Ahora soy yo el
que pregunta
Y no puedo encontrar las respuestas.
Qué viejo estoy
hoy.
Rodolfo Rozengardt (2 y 3 de enero)
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