Queridos amigos:
Hoy a las 12 y 30, luego de mas de 24 horas de luchar tenazmente por su vida, falleció mi sobrino Julián.
Juli tenía unos hermosos 18 años, llenos de salud, alegría, un corazón de oro y una vitalidad absolutamente fuera de lo común. Era el hijo de mi querido hermano Rodolfo y encontró la muerte, como otros 200 hijos nuestros por tener la tremenda osadía de querer ser joven y querer ser feliz.
No es mi intención en este instante de profunda consternación sumarme a todos los que, justamente, claman indignados por justicia. Simplemente quiero hablarles de Juli y de lo que el mundo se perdió porque él se fue.
Juli era un joven inmenso. Portaba toda la rebeldía y la mejor inteligencia moral que puede construirse en este lugar y en este momento. No era perfecto. Pero era un ser humano de los más bellos que he conocido. Seguramente discutidor y cabeza dura. Claramente comprometido con su gente y por su gente. Y sobre todo, portador de un entusiasmo inagotable por cada cosa que se proponía.
Juli era deportista. Le encantaban el básquet y el fútbol y los practicaba con pasión.
Juli era un amigo maravilloso. No lo puedo decir por mi, que era su tío. Lo puedo decir por la enorme cantidad de amigos que cosechaba por cada lugar en que andaba.
Era un muchacho del barrio, era un muchacho del club, de la barra, de los grupos musicales populares y seguramente más alejados del espectáculo-negocio.
ERA PURA ALEGRIA.
Juli era nobleza y entrega. Todo en una pieza, así fuerte y ancho como era.
Nosotros, los que tuvimos la suerte de conocerlo, lo vamos a extrañar tan inmensamente que mi corazón se parte de solo pensarlo.
Sin embargo, quiero decirles que de verdad fue una suerte conocerlo. Aquellos de ustedes, la mayoría, ya no podrán tener esa suerte. El mundo es un lugar mucho más pobre sin su presencia.
Y, en el mar de absurdos que es esta vida nuestra, su partida tiene tal nivel de injusticia, tal nivel de “no es posible”, que no hay manera humana de comprenderlo.
Claro, estoy infinitamente triste, pero la tristeza como decía alguna vez alguien, nunca podrá ser atada al nombre de Julián.
Rodo, mi corazón con vos.
Juli, hasta siempre.
Daniel Rozengardt