Tres tiros (por tres)- Por Rodolfo Rozengardt (18/01/2005)

Me dijeron que se llama tres tiros el elemento pirotécnico que encendió la mecha de la muerte de mi hijo Julián y de los otros ciento noventa, todos hijos.

Primer tiro (por tres)

Un tiro me perforó el corazón. El segundo me bloqueó la inteligencia y el tercero me hirió en lo más hondo de mi vínculo con el país y su gente.

I- No hay trasplante que valga. Este corazón acribillado será mi compañía para siempre. Va a latir de a ratos, sobrevivirá momentos detenido, tal vez pueda aún disfrutar de algún otro corazón que lo acompañe y le proponga latir en una frecuencia cercana.

II- Toda explicación la encuentro imposible, inconexa, no hay respuestas, tal vez ni siquiera preguntas. No hay forma de entender. Era una fiesta, con amigos, con canciones, para celebrar la vida, de puro joven. No hubo retorno. Ni lo habrá.

III- ¿Cómo creer de ahora en adelante lo que alguien dice o hace, sin mezquindad, sin negocio ni cálculo? ¿Por qué vivimos aceptando lo trágico, lo inmoral, como la moneda corriente? ¿Quiénes somos y qué estamos edificando? ¿Dónde terminaremos? ¿Ya llegamos?

Segundo tiro (por tres)

Abuelos, padres y nietos. Los tres igualmente acribillados, los tres presentes en al adiós. Las tres generaciones portadoras de un sueño; las tres golpeadas de muerte, no podemos salir. Cada uno dando hoy la respuesta posible. No alcanza, no cambiamos. Nos seguimos condenando.

I- Abuelos. De pie, con fuerza, lucha, apegados a lo que siempre intentaron, cambiar el mundo de raíz. Lágrimas con horizonte que no se resigna, gotas que caen por el rostro acompañadas de una luz que no puede apagarse; un brillo especial les pertenece, nos iluminan. A pesar del cansancio no dejan de mirar para adelante.

II- Padres. Desorientación, pesadumbre, irritación y desencanto. Fracaso como explicación; búsqueda del tren que nos lleve a algún lado que no sea este. Sólo algunas preguntas en aquellos cuya inteligencia aún sobrevive.

III- Nietos. Corren, saltan, gritan y cantan hacia adelante, buscando un poco de luz detrás del túnel. Los engañan. Son lo nuevo que nace en un lugar sin nombre y sin ventura. Tal vez una bengala busque iluminar tanta oscura obscenidad.

Tercer tiro (por tres)

El mercado, el gobierno del Estado. Las vendas en los ojos. Las tres mechas de los tiros.

I- La ganancia a cualquier costo. No para comer mañana. La ganancia porque sí, porque es lo que vale. ¿La vida del otro, cuánto vale? Todo es cálculo, todo tiene precio. La alegría se puede comprar y entonces habrá alguien que la venda. ¿Por cuánto? Todo es mercancía. ¿Cuánto valió tu vida, Juli? ¿A cuánto tu cajón y tu servicio fúnebre?¿Cuánto puede ganar un abogado? El último canto antes del incendio, ¿hasta cuándo lo seguiremos pagando?

II- "El Estado nos representa, nos organiza, nos contiene, administra nuestras debilidades para transformarlas en potencias". Hoy por hoy, ¿qué administra?, ¿por qué tienen siempre poder aquellos que sólo viven para calcular y los que pueden pensar en el otro, en el vaso de agua y el abrazo, esos están al margen? La solidaridad, la amistad y transparencia, ¿por qué no ingresan? ¿por qué convivimos y toleramos lo peor?

III- Los errores. Pensar que cualquier trampa es rebeldía, que todo atajo lleva a algún lado, que el más tonto desafío a la muerte trae vida, que el poder juega inocentemente su destino en un griterío vano.

Tres tiros por tres (final)

Tres veces destruido me encuentro. Tres historias que se cruzan sin poder construir una victoria, ni siquiera una pequeña. Tres problemas que requieren del corazón, la inteligencia y la gente. ¿Cómo empezar a hacer todo eso, sin Julián...?


Rodolfo Rozengardt, 18-1-05

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