A un mes del Crimen
Para entender el horror

I- De responsabilidades y responsables

Una cruel cadena de locura, corrupción y codicia asesinó a mi hijo Julián y a los otros ciento noventa y, si no se corta, lo seguirá haciendo. Es la misma cadena que le roba el pan a la mitad de nuestro pueblo. Esta afirmación, que es muy general, no exime de puntualizaciones y responsabilidades concretas.

Frente a la masacre (asesinato, homicidio, no tengo ninguna duda) como hecho concreto y pensando en la justicia, pueden determinarse niveles de responsabilidad en una trama mortal. Creo que hay criminales, cómplices y responsables (además, los inocentes pero confundidos, como la mayoría de los chicos, como yo).

Son criminales, para mí, los empresarios del boliche, los empresarios de los músicos y quienes encendieron la pirotecnia. Esos deben ser castigados como criminales, asesinos. Es trabajo de la justicia demostrarlo y castigar. En un escalón casi idéntico están todos los que deberían inspeccionar y controlar y se benefician mirando para otro lado. También es obra de la justicia.

Son cómplices las autoridades que no hacen cumplir las leyes y reglamentos, que discuten la seguridad como un problema de cómo reprimir más sofisticadamente a los pobres y no el modo de garantizar una vida digna y segura para todos. Que se corrompen engolosinados por el dinero de los poderosos. Que quieren ser como ellos. Son cómplices también los músicos del grupo que viendo el dinero en carretilla se olvidaron de su mensaje rebelde,
engolosinados por el fervor de los seguidores se confunden y pervierten lo que debe ser una felicidad cotidiana para los jóvenes y una expresión de vida y esperanza en un mundo mejor convirtiéndola en un juego peligroso que bordea la muerte, que puede salir mal, muy mal y en el que los perjudicados son siempre los mismos.

Son responsables quienes alientan cierta cultura del rock autodestructivo, los medios de comunicación que viven de las tragedias y alientan lo peor de la cultura juvenil. Entre responsables y confundidos estamos quienes no sabemos enseñar y mostrar los caminos, enseñarle a los chicos que se cuiden y mostrarle claramente el enemigo de la vida. Y pelear como sociedad por nuestros derechos.

II- La complejidad

La simplificación puede ayudar para levantar banderas y obtener satisfacciones rápidas, aunque parciales. Pero no resuelve los problemas.

La masacre de Cromañón dio como resultado la muerte de casi 200 personas, mayoría de jóvenes; las heridas a cerca de 800, una sobrevida de pánico y horror para, quizás, miles, el abandono de chicos que perdieron a quienes eran su sustento, familias quebradas para siempre por la ausencia y el dolor y, tal vez, una generación completa que estaba emergiendo a la vida cívica, ha quedado con el estigma de una República que no es la suya, la que se merecerían, sino una de empresarios avaros y ambiciosos, administradores y políticos corruptos y negociantes, todo tipo de buitres al acecho y un contexto social de desesperación y desaliento.Tal vez esa República Cromañón sea la de todos los días y esta masacre no sea más que la multiplicación de la masacre cotidiana que la República Argentina nos tiene acostumbrados. Ni más ni menos, vivimos en la Argentina Cromañón.

Para intentar comprender es necesario establecer niveles de análisis que implican decisiones y ámbitos de actuación. Un primer análisis establece hechos, responsabilidades y culpas. Requiere de procesos principalmente jurídicos y debe dar como resultado el castigo ejemplar para todos los que tienen participación directa o indirecta, por acción, omisión o torpeza en esta masacre (lo que sería, de algún modo, llevar al banquillo a la Argentina Cromañón).

Un segundo análisis es político y debe poner en cuestión el para quién gobernar, modo de gobernar, de entender la relación de los sujetos con el poder, el concepto de seguridad, el significado de ser funcionario público y, más profundamente, el tipo de organización política que debe darse esta república para rebautizarse; la sociedad a construir, que tiene que ser distinta. Los resultados son más difíciles e inciertos. No puede pasar por provocar el recambio de funcionarios, no puede ser simplemente una acción golpista. Es necesario la creación de la alternativa política de reemplazo.

El tercer análisis, más difícil, se hunde en lo social y nos compromete en la identificación del vínculo cotidiano con los otros, con las cosas; las relaciones entre lo público y lo privado, la conducta ante la ley, los valores que se ponen en acto; la conducta individual como un ejemplo imitable para el otro.

Los niveles de consideración no se excluyen, se integran. Requieren de estrategias diferenciadas, aunque concurrentes. Sus resultados se miden a través de indicadores distintos.

Son las interfaces, es decir, las influencias mutuas entre estos niveles de actuación, las que definen la trascendencia de los actos que cada uno pueda aportar. La actuación jurídica debe estar orientada a hacer cumplir la justicia y que paguen los que deben hacerlo, pero el modo en que esto ocurra, influye sobre lo político y lo social más general, es un ejemplo a imitar. La acción política acompaña la búsqueda de justicia y hará que caigan y se reemplacen todos los que estén comprometidos con esta República que hay que dejar atrás, pero como resultado, no como actos aislados que pueden ser la pura manipulación de otros grupos de interés que sólo cambiarán personajes. La memoria social de los mártires de esta República (los 200 y los muertos cotidianos) son una bandera para no volver a equivocarnos.

No los olvidaremos. Porque otra República es posible.

III – De políticos y empresarios

La década de los noventa, mediante la versión más berreta del neoliberalismo paradigmáticamente personalizada por el menemismo,terminó de trenzar los hilos de la Argentina Cromañón: desprecio y privatización de los espacios públicos, mercantilización de los vínculos, sacralización del sálvese quien pueda, visualización del otro como alguien de quien uno debe aprovecharse, negación del valor de la palabra y el cumplimiento de la norma socialmente acordada, búsqueda del beneficio personal por sobre el diseño de proyectos colectivos. También las formas de resistencia a esos valores resultó en gran medida pervertida, pues se organizó en torno a identidades sociales construidas sobre el desprecio por la vida, la mediocridad, el saltear al regla o el poco respeto a las normas elementales del cuidado de sí y de los otros.

El año 2001 marcó un momento histórico inolvidable para nuestro pueblo. Emergimos de la década más nefasta de nuestra historia elevando los resortes básicos de la dignidad, intentando restablecer lazos y buscar caminos alternativos. Pero no pudimos sortear a fondo nuestras debilidades. La consigna “que se vayan todos”, contenía una clara manifestación del asco por esos valores dominantes y la voluntad de cambiar, pero sólo se orientó a los políticos. Olvidó los dueños reales del poder: los empresarios de aquí y los especuladores sin patria, los grandes medios de comunicación y las estructuras represivas que siguen intactas. Así y todo, las novedosas formas de organización, discusión y lucha, se mantienen en la memoria histórica de nuestro pueblo y vuelven ante los hechos que la sacuden, como es el caso de la masacre de Once. Sin duda, ello es una ventaja a la hora de plantear la organización frente a estos hechos. Pero, no se deben cometer los mismos errores: olvidarse de todos los responsables, particularmente de la comunión de políticos y empresarios, de la errática cultura de resistencia inconducente y el sectarismo y la intolerancia que debilita los efectos de la acción y termina expulsando a la gente de la lucha.

Pero, bueno, todo esto son palabras. Nada nos devolverá a Julián y a las otras víctimas, a quienes llevaremos por siempre dentro de nosotros. Sólo nos queda buscar justicia y pelear por que este planeta, o este pedacito en que estamos sea un poco más habitable.

Rodolfo Rozengardt, 27 y 28-1-05

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 !    Reflexiones
Estas fueron las primeras reflexiones serias que pudo alguno elaborar aun sumergidos en la tremenda y reciente pérdida de Julián. Estas reflexiones de Rodolfo tuvieron un alto impacto moral e intelectual en la familia. No sólo porque indicaba un camino conceptual para el reclamo, si no también porque mostraban la tremenda entereza y un ejemplo a seguir para todos en la difícil senda de convivir con la inmensa pérdida.