Artículo para el periódico de Cromañón- Por Daniel Rozengardt

Los familiares, el plebiscito y el Señor Ibarra.
Por qué no firmar. Abril 2005

Desde hace ya unos cuantos días, desde que la tragedia de Cromañon convertía nuevamente en ciegos a nuestra clase política, asistimos entre asombrados e indignados a una extraña campaña por el plebiscito revocatorio en calles y en medios. Peor aún, en muchas oportunidades se ha detectado la presencia de mesas de recolección de firmas en sedes de organismos públicos, atendidas por empleados y funcionarios de los estos mismos organismos que deben todavía rendir cuentas ante la justicia.

De qué se trata todo esto? Qué es lo que está en juego? Por qué los familiares de las víctimas de la masacre de Cromañon nos oponemos al plebiscito? Quién necesita el plebiscito? Qué es lo que se plebiscita?

El plebiscito del que estamos hablando es un recurso constitucional, una herramienta creada para que la ciudadanía por propia iniciativa se exprese cuando considera que una autoridad elegida por voto democrático ha dejado de representarla. En este increíble caso, Ibarra convoca a que su propio mandato sea puesto en juicio: ¡ Ibarra está juntando firmas para ¡revocar el mandato de Ibarra! O sea, Ibarra está poniendo en juego su propio mandato, especulando para quedarse, haciendo campaña para tratar de mantener un cargo a toda costa, planteando una falsa antinomia y bastardeando un recurso ciudadano para esconder sus culpas y sus responsabilidades, apelando a la demagogia y enfrentándonos a los familiares y a toda la ciudadanía a un falso dilema. ¿ queremos que se quede o que se vaya?

Evidentemente la cosa es algo más complicada o inmensamente más sencilla.

Cromañón desnudó una sociedad: la de la impunidad, la de los que están amparados para cometer delitos, amparados por un estado con política de ausencia que ha permitido, a partir de la falta de controles y la autorregulación beneficiarse y enriquecerse sin límites, sin control. Una administración que no ha generado nuevas normas y que ha permitido incumplir las existentes en cuanto a protección y cuidado de todos nosotros. Organizar los controles para que controlen solo aquello que convenga es delinquir. Abandonar a nuestros chicos a su suerte es un delito irreparable, con un costo social altísimo y un costo humano infinito.

Un mes después de la masacre, durante la mal llamada interpelación legislativa, un “atribulado” Jefe de Gobierno, aseguraba: “tenía que estar abierto Cromañón? No” –y continuaba- “Debía haberse cerrado el 14 de noviembre? Si. Por qué no se hizo? No lo sé!” Un mes después no lo sabía y cuatro meses después sigue sin saberlo! Es algo al menos llamativo, qué es lo que guarda? Qué o a quién proteje? Esperemos que el juicio desenrede el entramado previo, que tejió la media sombra, que instaló el material venenoso en la sociedad y en Cromañón

La funesta noche del 30 de diciembre, Ibarra no apareció por el lugar, su cuerpo estuvo protegido del dolor y la tragedia, escondido en su incapacidad no pudo organizar la respuesta a la emergencia, ni percibió que lo que había organizado no alcanzaba. No se acercó a ver qué pasaba con los cuerpos, ni a los internados, nunca estuvo cerca de las víctimas. Cuando los chicos solidarios entraban una y otra vez a buscar a sus amigos, hermanos y amores, no estuvo cerca, ni lejos, no estuvo. No intentó horadar la tremenda oscuridad que envolvió a los padres que desde los primeros instantes llegaron al local e intentaron inútilmente buscar a sus hijos, sin ningún elemento, tan desprovistos como los socorristas y bomberos, sin implementos apropiados ni equipos de rescate adecuados. Ni asistió al dantesco espectáculo de unos pocos médicos intentando elegir a quién atender y a quién dejar librados a su suerte y a su muerte. No pudo siquiera compartir el tremendo drama de los familiares recorriendo salas y pasillos de hospitales y la morgue, buscando desesperadamente noticias de los suyos. Su principal preocupación esa noche fue deslindar responsabilidades y acusar a cualquier candidato válido, no importaba cómo ni con qué patraña, como afirmar que el local estaba habilitado por bomberos y cosas por el estilo.

Y luego, volvemos a la parodia de gobierno que siguió desde el 30 de diciembre en adelante. Tratando de ver cómo zafar, cómo evitar quedar pegado, nada menos que a la peor tragedia de este tipo en la historia de América y una de las tres más importantes del mundo. Está muy claro que sobre los hechos cada sector político intentó obtener su rédito. Los primeros instantes mostraron cuán sucia y conceptualmente corrupta está gran parte de nuestra dirigencia política. Cada cual apareció pidiendo lo mismo de siempre, utilizando Cromañón como argumento. Pero pidiendo lo mismo. Esto elimina las responsabilidades del ejecutivo? De ninguna manera. Las agranda. Porque se ocultó, trató de escapar. Se negó a escuchar a la sociedad, se negó a asumir frente a los demás poderes públicos y frente al cuerpo social la carga que le tocaba. Cuando se sintió acorralado, cuando observó que nada lograba despegarlo de los hechos. Cuando se demostró que ningún familiar se encontraba realizando ninguna maniobra golpista. Cuando constató que las encuestas no lo tenían tan mal ubicado. Cuando a un grupo se le ocurrió que la mejor forma de alejarse de la política institucional para ocuparse de la judicial era inmiscuirse en la vida institucional. Justo allí, en ese momento, juega su golpe de efecto: “me desafían con un plebiscito para destituirme, entonces doblo la apuesta, yo mismo voy a juntar las firmas necesarias para que pueda plebiscitarse mi mandato.” Y juega con sus armas preferidas: un supuesto “progresismo”, los “ataques de la derecha” (que, valga como dato, pasó a cogobernar la ciudad, a la chita callando), sus contactos oficiales, su añejo prestigio como fiscal, todos cantos de cisne para intentar conseguir apoyos de figuras que, en muchas ocasiones, cayeron en su trampa.

El plebiscito es una maniobra desesperada para salvar un cadáver político. Pero los cadáveres reales, esos que lamentablemente nos rompen el corazón, no pueden juntar firmas para ver si se quedan. Cuántas firmas vale Julián, cuántas firmas vale Pedro, cuántas María, cuántas Guido, cuántas Liz y Lucas y Mariano y Claudio y Mario y ... cuántas cada uno de los que nunca volvieron?

El plebiscito es un fraude, porque desvirtúa y esconde la responsabilidad mayor que es la de ponerse a disposición de la justicia, brindar todos los elementos que ayuden a aclarar los hechos, separar a todos aquellos que tengan responsabilidad directa o indirecta. El plebiscito es un fraude porque tal cual está reglamentado, es imposible que, en caso de que se junten las firmas necesarias, Ibarra pierda. Hace falta que sea rechazado por algo más del 70% de los votos válidos emitidos, con el agravante de que muchísimos familiares de afectados no son de la Capital Federal y no pueden tener ni voz ni voto.

No tenemos intenciones de inmiscuirnos en ninguna disputa política. Lo único que nos interesa es la verdad y la justicia. Si alguien considera que esto es inmiscuirse en alguna disputa, allá ellos. No creemos que nadie, con fueros o sin fueros, por historia, o por imagen, puede eludir sus responsabilidades.

Decía mi hermano Rodolfo, papá de Julián, en una carta que se publicó en Clarín: “Ibarra es el poder que negocia y esconde la mano; el que apaña lo viejo haciéndose pasar por lo nuevo. Los ciudadanos le creían. Es personalmente una circunstancia. Podía haber sido otro, pero él estaba en el lugar en que pudo haberlo evitado. Después de Cromañón todo su accionar sirvió para esconderse y cuidarse, para que no lo atrapen. Es el político que no muestra culpa. No lo perdono. De él para abajo todos deben pagar. Su equipo lo forman los funcionarios, los inspectores, bomberos, policías y sus respectivos jefes.”

Si es usted hombre, no firme

Si es usted mujer, no firme.

Si es usted blanco, negro, pálido, gordo o flaco, con o sin manos, no firme

Si es usted católico, musulmán, ateo o agnóstico no firme.

Si es usted de izquierda, de derecha, de arriba, de abajo, rico, pobre, profesional, ocupado o desocupado, no firme.

Si es usted progresista, o lo fue alguna vez, o lo será en un futuro, no firme.

Si es usted porteño, sea cual sea su opinión sobre la gestión de Ibarra, no firme.

Si es usted un ser humano, no firme.

¡Que cada uno asuma las responsabilidades que quizo asumir !

¡El verdadero plebiscito sobre Cromañon lo debe dar la justicia y la lucha de los familiares y la sociedad toda por la memoria y la verdad ¡

¡Todo lo demás es gesto vacio, especulación y cobardía ¡

Daniel Rozengardt – tío de Julián Rozengardt, muerto en Cromañón.

Memoria, Verdad y Justicia para Julián y todas las víctimas de Cromañón

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