Cromañón: de parecidos y diferentes
(escrito después de ver a Callejeros en la televisión)

Ibarra no es asesino.
Chabán no es asesino.
Callejeros no es asesino.
El petardo no es asesino.

Ninguno de ellos planificó la muerte de Julián. Ni de ningún otro. No era negocio para nadie. Pero los cuatro estuvieron allí. Cada uno con lo suyo. Los cuatro mataron a Julián y a todos los otros. El costo de ese negocio inesperado pero totalmente evitable lo pagaremos para siempre. Para siempre.

Ibarra es el poder que negocia y esconde la mano; el que apaña lo viejo haciéndose pasar por lo nuevo. Los ciudadanos le creían. Es personalmente una circunstancia. Podía haber sido otro, pero él estaba en el lugar en que pudo haberlo evitado. Después de Cromañón todo su accionar sirvió para esconderse y cuidarse, para que no lo atrapen. Es el político que no muestra culpa. No lo perdono. De él para abajo todos deben pagar. Su equipo lo forman los funcionarios, los inspectores, bomberos, policías y sus respectivos jefes.

Chabán es la mentira del vendedor de ilusiones. El que se muestra como alentando a lo nuevo. Los músicos le creían. En realidad sólo apuesta a enriquecerse con ese perfil emergente. Es la expresión del empresario que no siente culpa, que arriesga todo, despreciando profundamente a quienes lo enriquecen. Es capaz de dejar sin aire al público, cotidianamente. No es el único. Es una circunstancia. Podía haber ocurrido en otro local. Le podía haber pasado a otro, pero él estaba en el lugar en que pudo haberlo evitado. Y después corrió como un cobarde, cuidando que no lo atraparan. No se lo puede perdonar. Él y todo su equipo debe pagar. Más que nadie.

Callejeros también muestran lo nuevo, un mensaje hacia delante, pero en su práctica aceptan lo que venga. Los chicos le creían. Julián le creía. El dinero no tiene color, ni rostro, ni moral. Ni siquiera es necesario detenerse dos minutos para evaluar cuánto vale la seguridad de su gente, la que le da de comer. Acumular shows, alentar las bengalas, llenar los salones, producir merchandising, facturar, ser famosos, que los jóvenes “mueran por ellos”, como literalmente ocurrió. Después, “nos engañaron”, “somos víctimas”. Sí lo son, pero no inocentes. Sólo tienen 25 años, no pueden entender, es lo que afirman. No van a mirar si están tapados los conductos de aire o cerradas las puertas de emergencia. Nadie lo hace. Le pudo haber ocurrido a cualquier otro grupo. Son una circunstancia, no lo quisieron, pero podrían haberlo evitado, sólo escuchando lo que decía Chabán junto a su oreja, cada noche; o viendo que su público se arriesgaba en un local cerrado o pidiendo la habilitación correspondiente. No son los únicos que actúan así, hay unos hábitos instalados, una cultura que lleva a aceptar cualquier cosa (“ese salón era demasiado para lo que es el rock”, dijo el guitarrista). Total, los que vienen aquí, poco importan, no exigen. Ellos llevaron a sus familias, los perdieron; no los hace inocentes, sólo beben una medida precisa de la realidad a la que nos condujeron a todos nosotros. No los perdono. Deben hacerse cargo.

El pirotécnico: no sabemos nada. Sólo que no está solo, que hay muchos que creen que es positivo (“es lo único que nuestros jóvenes pueden hacer”, ¿matarse?), la rebeldía que busca lo nuevo. Y lo siguen replicando, lo seguirán encendiendo. Podría haber sido cualquiera. Aún hoy es cualquiera, no tiene rostro, ni voz, tal vez ni cuerpo. Pero fue alguien. No intentó incendiar el local, pero podría haberlo evitado. Y después, muchos dicen “él no tiene nada que ver, es inocente”, se escapan para no asumir el lugar social del cuidado y la sanción. No lo perdono. No los acepto.

Entonces, ¿qué hacemos?; ¿elegimos castigar a unos y a otros dejarlos para que todo vuelva a empezar, en nuevos escenarios?

¿Qué diferencia el lugar de Ibarra (y los suyos), de Chabán, Callejeros y el petardo? Sólo alcanzaba con la ausencia o el cambio de conducta de uno de ellos para que Julián hoy estuviera con nosotros. ¿Qué diferencia la actitud de cada uno de ellos antes del incendio?: el lugar desde donde llegan a instalar la muerte, el nivel de beneficios que cada uno podía obtener. Eso es todo. La responsabilidad por lo que se hace debe ser de todos.

¿Qué han hecho todos ellos después de la muerte y frente a ella? Lo mismo. Han practicado el supremo arte argentino: zafar; “yo argentino”. La culpa es del otro.

Entonces, nosotros, los padres, los sobrevivientes, ¿qué hacemos?, ¿qué esperamos?

La justicia sólo lo es si es completa, si no abre los ojos para elegir por la simpatía o el interés, o tal vez, la compasión.

La sociedad sólo mejorará si en cada función se asume la responsabilidad: gobernar para el pueblo, vivir con los otros y no de los otros, cuidar a la gente, asumirse en su responsabilidad cuando los demás lo siguen, no culpar al otro, luchar por una justicia real, sin impunidad para nadie.

Memoria por Julián es eso: recordar siempre y a todos por qué murieron y para qué vivían.

Julián y los chicosPRESENTE!!!!

Rodolfo Rozengardt, 5/3/2005 (padre de Julián, asesinado en Cromañón)

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 !    Publicado en forma resumida en Clarín el 19/3/2005
Reflexiones de Rodolfo luego de ver el programa "Juego Limpio", de Nelson Castro, donde los miembros del grupo Callejeros se presentaron a declarar, luego de haberlo hecho en Radio 10. En esta oportunidad volvieron a mostrarse más preocupados por la estrategia de defensa que por sus propias responsabilidades.