Kafka e Ibarra - Columna Radial- Por Juan Rosales |
| KAFKA Y EL DR. Hace unos días, el suspendido jefe de gobierno porteño, presentándose como víctima de una maniobra política, declaró a los periodistas que lo que le pasa “me hace acordar a El Proceso de Kafka”. Seguramente, muchos recuerdan esta prodigiosa novela que refleja el mundo angustiado que supo desentrañar el escritor checo, nacido en Praga en 1883 y muerto de tuberculosis en 1924, a la temprana edad de 41 años. El Proceso cuenta la historia de K., un modesto empleado de Banco, que “sin haber hecho nada”, es detenido una madrugada y, tras un largo proceso cuyos motivos no llega a conocer y según leyes que no puede descubrir, es finalmente ejecutado, sin llegar a explicarse el porqué de lo ocurrido. Lo que entrevé K. es la existencia, dice el libro, de “una gran organización”, que “no sólo emplea gendarmes corrompidos, inspectores estólidos y magistrados inquisidores… sino que también tiene a su disposición una jerarquía judicial de alto rango, del más alto rango, además de numeroso e indispensable séquito de sirvientes, empleados, policías y otros asistentes, quizá también verdugos”. El abogado y el capellán le aconsejan a K. no criticar, sino adaptarse al orden establecido, sin intentar averiguar la verdad ni esperar justicia, sino aceptando todo, el sistema, la mentira, la injusticia y la muerte, como inevitables para un mecanismo social que necesita el sacrificio de los individuos para su eficaz funcionamiento. Kafka desnuda esa maquinaria burocrática, simuladora y violenta, sus jerarcas de manos pulcras y almas tenebrosas, su oculta estructura interna basada en la corrupción y la impunidad. Tiene, pues, razón el Dr. Los que hacen tambalear los entramados de la impunidad y la injusticia son hoy los 194 chicas y chicos asesinados, pero jamás ausentes ni silenciados, los 4 mil sobrevivientes, los Para que la impunidad no siga incubando sus crímenes, el primer requisito es tener memoria y rescatar la verdad escamoteada, a fin de que la justicia no se extravíe en los laberintos kafkianos sino que camine junto al pueblo. No es tarea de unos pocos, sino una necesidad de cuántos tienen “hambre y sed de justicia” y que, por ello mismo, deben, debemos, desterrar para siempre la infecta cultura dominante de la indiferencia, la insolidaridad y el “no te metás”. Y por último, no sea cosa de que se moleste el Dr. Columna en “Mate Amargo”, Radio Argentina -22 diciembre 2005- Volver a Columnas de Opinión<<>>Imprimir Página<<>>Enviar Mail al autor |