El 24 de Marzo y Cromañón |
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Texto escrito por Rodolfo y leído en el acto en repudio al golpe de estado del 24 de marzo de 1976 en el acto realizado en General Pico. |
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A la República Cromañón no la inventó Omar Chabán. La impusieron por la fuerza los hombres de uniforme y le dieron pleno funcionamiento y legitimidad Domingo Cavallo y Carlos Menem; todo con el apoyo de una parte del conformismo y la corrupción de los argentinos. En la década del setenta, teniendo yo la edad de mi hijo Julián, el terrorismo de Estado se adueñó de este país. En esa época lloré a Inés, al Tano, a mi primo, a numerosos amigos. La muerte me pasó muy cerca. Me rozó en aquel operativo en la parada del colectivo, en el pasillo de la Facultad, en la hoja de la libreta de un compañero, en las aulas del Instituto, en la casa de mi vecino. Los vuelos de la muerte me aturdieron los oídos. En el ochenta tuve la suerte de terminar mis estudios, de conseguir trabajo. Apenas esquivé la guerra en Malvinas, pude sobrevivir con gran esfuerzo y tener unos hermosos hijos. Tres de ellos me harán un sobreviviente por un tiempo en sus recuerdos, quizás en unos nietos. En el noventa y el dos mil, sobreviví al crimen de María Soledad Morales en Catamarca, al de la Dársena en Santiago del Estero, a las crisis inflacionarias, a la falta de empleo, a la desnutrición, al aumento de la pobreza, a la entrega del patrimonio nacional, a la deuda que se consume nuestros ahorros, al robo organizado por los banqueros, a los asesinados en Plaza de Mayo el 19 y 20 de diciembre de 2001, a Kosteki y Santillán en el Puente Pueyrredón. Hoy, en el 2005, ya es tarde. La muerte me está llevando de la mano de Julián. No hemos podido sobrevivir, él y yo, a una fiesta de música y alegría. Pero no importa mi muerte, pues tuve suerte y pude sobrevivir treinta años, conocer y vivir el amor, tener hijos, luchar en el sindicato y en la calle, estudiar y realizar la tarea que más me gusta, que es enseñar, un modo más de sobrevivir en mis alumnos. Pero Julián no tuvo mi suerte, apenas se asomaba a la vida y se la arrebataron en aquel terrible suspiro. Él no tendrá sus hijos, no vivirá el amor, no elegirá una profesión, no tendrá tiempo de luchar por un mundo mejor. No podrá sobrevivir a su padre, como corresponde a un hijo. Sobrevivir a un padre es vivir después de su muerte y de ese modo también hacerlo seguir viviendo, aún muerto. República Cromañón es el nuevo nombre para identificar a la Argentina. Es una República construida con la ambición desmedida, el miedo, la impunidad y la irresponsabilidad social. Es la pizza con champán. El resultado del plan inaugurado por la dictadura y continuada por los gobiernos que le sucedieron. Es la Argentina productora de alimentos y riquezas pero en la que el 45% de sus habitantes viven con $4 o menos por día, en la que hay tantos graduados universitarios como analfabetos absolutos. La República Cromañón es la de los desaparecidos, pues al igual que en el setenta, a nuestros chicos se los llevaron sin darnos la posibilidad de despedirlos. Al igual que cuando gobernaban los milicos, hoy aplicaron la Ley de fuga, pues se llevó a una inmensa cantidad de jóvenes a una trampa mortal, en donde los músicos fueron el sebo perfecto; en diferentes códigos se les dijo “prendan bengalas, lancen petardos”, “¿se van a portar bien?”, les taparon los conductos de aire, clausuraron las puertas y allí vino el tiro final con la ingenuidad estúpida de los petardos. Pensando un poco podemos ver que la trampa y la ley de fuga la han armado en gran escala: se les quitó todo a los jóvenes, el trabajo, el estudio, el ejemplo, el futuro, sólo le dejan la bailanta y el rock chabón, como única escapatoria, para encender la bengala y MATARLOS. Lo peor de todo, lo más grave, de la mano de uno de ellos. Al igual que los desaparecidos del setenta, muchos de estos chicos fueron valientes, temerarios, admirables; arriesgaron y perdieron la vida para volver a entrar al infierno y salvar a otros, por pensar en otros, por desear el bien a los demás. Esta masacre absurda desnuda también otra faceta de la Argentina Cromañón, la injusticia y la irracionalidad en el uso de los recursos públicos. Se produce la muerte violenta de dos centenares de jóvenes, las heridas y la mutilación espiritual de miles, el quiebre anímico de una enorme cantidad de familias. ¿Quién se beneficiaba con este modo de organizar espectáculos?: empresarios privados, que no incluyen la vida ni la seguridad del usuario dentro de sus costos. ¿Quién responde frente al hecho consumado?: el Estado, a través del servicio de emergencias, los hospitales públicos, las indemnizaciones, las campañas de prensa. Es el viejo método del endeudamiento público para cubrir o legitimar las deudas privadas de los privilegiados e impunes. El Estado licúa la deuda privada, al igual que la deuda externa, que seguimos pagando todos los argentinos a pesar que fue el negocio de unos pocos. Ellos ganan, todos pagamos. ¿Qué capitalismo es este que el riesgo empresario es el riesgo de la vida de los que menos tienen, ya sea por masacres como estas, por el hambre del 70% de nuestros niños o por los desaparecidos de la dictadura? Siempre la muerte para nosotros, siempre los negocios para ellos. ¿Seguiremos tolerando este modo de vivir?, ¿hasta cuándo? Por todo ello, porque decimos NO, porque no aceptamos esta realidad como la única posible, reclamamos contra la impunidad, por una justicia que investigue sin favoritismos, que castigue a todos los culpables de ayer y de hoy. Junto a la acción de la justicia, el recuerdo, la memoria se torna algo esencial para estar atentos, defendernos, reclamar a quienes tienen poder que lo ejerzan para el bien común y no para proteger negocios privados y en ese tránsito, este país, tan rico en posibilidades pueda finalmente, alimentar y cuidar de verdad a sus habitantes. Rodolfo Rozengardt, 24 de marzo de 2005 Volver a Columnas de Opinión<<>>Imprimir Página<<>>Enviar Mail al autor |
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