Quedan las Palabras de María Carral

Viviana Waisblat leyó el mensaje de María Carral. Mensaje muy emotivo y plenamente compartido. Lo reproducimos a continuación

“No hay palabras para el horror” decía un mail de una vieja conocida, amiga de mi amiga, que ella titulaba “presencia” . Y fue un sintético resumen de casi todos los otros que llegaron, tantos, muchísimos. De tantos lugares del país y del mundo. Es decir, todos los afectos que por suerte están presentes acompañando, conteniendo, empujando y todas las palabras que intentan, como dijera ¿Gabriel Celaya? , “quedarnos con la palabra” cuando todo nos falta. Y yo le respondía a la persona del mail que refiero, que es muy cierto. No hay palabras para el horror, pero mucho ayudan las que están.
Presencia. Palabras que no hay (para el horror). Palabras que nos quedan (cuando todo nos falta)
Por eso estamos aquí. Por la palabra que no deje de nombrar lo que debe ser nombrado. Por la presencia que se impone cuando 200 ausencias invaden el tiempo y el espacio compartidos. Una no sabe qué hacer cuando la muerte que se instala en la vida es tan extemporánea; tan horrenda; tan inesperada; tan injusta; tan descontextualizada (digo, los chicos fueron a una fiesta de música, de encuentro, de fin de año, de festejo; allí todos fueron por la vida, la muerte no estaba convocada...Al menos no lo estaba para Juli y sus amigos y seguramente tantos otros chicos. Hay muchas preguntas y reflexiones que me caben en relación a cierta cultura del riesgo que se juega entre los pibes, pero es seguro que aún en presencia de rituales de riesgo es el deseo de vida que está en juego. Un lugar en la vida, un lugar entre los otros. Un lugar en el país . Un lugar propio –como el nombre-.... Distinto es cuando uno piensa en los adultos que son parte de esos rituales, los alientan, los provocan, los inventan, los festejan...).
Entonces, (vuelvo, sigo) como no se sabe qué hacer ... ¡¿y cómo habría de saberse?! cuando ellos, los chicos, nos enterrarían a nosotros y las cosas “no son como está mandao” al cantar de Serrat; entonces digo, una hace lo que puede. Entre otras cosas: saber acompañarse por los genuinos afectos; pensar, pensar y pensar; hablar cuando se puede y callar cuando lo único que cabe es el silencio. Registrar cada una de las imágenes de Juli que se instalan en la memoria sin convocatoria previa. A cada paso, en cada suceso de lo cotidiano. Llorar, llorar. Y esconderse para que no vean los que justo ahora pueden no llorar. Esperar a que termine la pesadilla, la confusión, el malentendido. O esperar “mágicamente” que Julián abra otra vez la puerta de la heladera descalzo y uno le largue una vez más (y tantas, todas las veces, como “siempre”): “¡otra vez la heladera descalzo!”. Pero siempre ya no existe. Hay 193 jóvenes y niños para los que siempre fue demasiado poco. Fugaz. Incomprensiblemente breve.
Mientras, todo sigue girando alrededor.
Paradójicamente, lo que sigue, es la vida. La propia, la de los otros hijos, la de abuelos que, con toda una vida hecha y luchada, tendrán que cargar la pena de la muerte de sus nietos. La de los tíos, primos, amigos, vecinos, compañeros que nos rodean y cuidan como un entramado de cuerpos y abrazos entre los que una, hoy día sin mucho tono muscular, se va moviendo y sosteniendo. Todo… El sol en el este a la mañana; los álamos movidos por el viento; la lluvia y la arena de las calles mojadas. Girando… Las calles con sus mismas rutinas; los negocios con sus mismos horarios, los políticos con sus mismas miserias; las canciones con sus mismas melodías. Alrededor… los gatos persiguiendo a los pájaros, los zorros cazando gallinas....
PERO NO SOMOS LOS MISMOS.
193 familias estamos aprendiendo a saber quiénes somos ahora. Cómo verse a si mismos sin los ojos de los que ya no nos miran. Hermanos preguntándose cómo se es hermano sin hermano. Padres preguntándose cómo se es padre o madre sin los hijos. Hijos, preguntándose cómo se es hijo sin los padres. Novios, esposas, amigos ... tantos, buscando reconocerse donde la ausencia ya no nos nombra. O nos nombra la ausencia. NO SOMOS LOS MISMOS.

 ! 

  Pero no somos los mismos!!!

Toda la sociedad está preguntándose ¿quiénes somos ahora? Un país entero está haciéndose esa pregunta. ¿Quiénes somos ahora? ¿Qué hemos hecho de nosotros?

Y habrá que empezar a vernos otra vez a los ojos, intentando hurgar en la mirada la pregunta que, de ser formulada , será la única llave para que no vuelva a repetirse el horror. Que no pueda decirse otra vez con Brecht, “vinieron por mi y ahora es tarde”. La pregunta que hiere en lo más hondo del dolor y no busca las respuestas exclusivamente afuera, en frente, al costado, atrás, antes o mañana... La pregunta que pregunta honestamente, que involucra a quien pregunta, que se sale del esquema y de la respuesta previa a la pregunta. La pregunta que nos cabe a cada uno, la que mira para adentro y punza intenso cuando perfora lo más íntimo y pregunta ¿y yo qué? Porque sólo poniéndonos esta pregunta al hombro, tal vez, podamos corrernos todos una casilla en el tablero. Y si eso ocurre, tal vez, el tablero empiece a ser otro. Un tablero diferente, nuevo, que nos vuelva a dejar jugar y no morir en la partida.

(No somos los mismos. Pero ¿quiénes somos? ¿Quiénes queremos ser? ¿Quiénes queremos que sean los que vienen?

Y yo, y cada uno de nosotros, con eso: ¿qué?)

 
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