Nota De la Dictadura a Cromañón

En la Facultad de Filosofía y Letras se llevó a cabo el 7 de abril, convocada por el Consejo Directivo, el cuerpo de docentes, el Centro de estudiantes, los No docentes y las Cátedras de Estudios Americanistas y de Derechos Humanos, una jornada de reflexión en la que el profesor Juan Rosales, abuelo de un chico muerto en Cromañón, sostuvo que “hay un sistema para el cual el sacrificio de los jóvenes parece ser funcional. Los beneficiarios son minorías que han naturalizado los sacrificios. Debemos vencer la cultura de la resignación; no podemos dejar las ansias de justicia y de verdad, que nos afectan a todos y tienen que ver con nuestra vida y el futuro de las nuevas generaciones, en manos de las élites políticas o tribunalicias”.

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En la jornada de reflexión “De la Dictadura a Cromañón” el vicedecano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, Hugo Trinchero, sostuvo que “nuestra sociedad hace muy poco por canalizar la energía que tienen los jóvenes para construir una sociedad más justa. Se les arruina la fiesta. Los que ya no somos jóvenes quisimos también tener nuestra fiesta, nuestra lucha, y terminó con los compañeros desaparecidos”. “La Universidad, agregó, debe ser un ámbito para pensar por qué nuestros jóvenes son las principales víctimas de un sistema social injusto”.
“Si no trabajamos para modificar estas cosas, dijo por su parte el Secretario Académico, Carlos Cullen, estamos perdiendo el tiempo en la Universidad”.
El acto se llevó a cabo la semana pasada en la sede que la Facultad de Filosofía y Letras tiene en el barrio de Caballito, con la presencia de familiares de las víctimas de Cromañón, organizaciones de derechos humanos y de los diferentes ámbitos de la Facultad: estudiantes, docentes y no docentes. Tuvieron especial participación las cátedras libres de Derechos Humanos y de Estudios Americanistas.
Carlos Cullen recordó que durante la dictadura “la argumentación de una cita de Tucídides me venía una y otra vez a la mente. La frase era «Los hombres prefieren la paz a la guerra», y Tucídides la sostenía diciendo que en tiempo de paz, los hijos entierran a los padres, mientras que en tiempos de guerra son los padres quienes entierran a sus hijos. Lo que pasó en Cromañón me vuelve a traer aquel pensamiento, el absurdo de que los padres entierren a los hijos”.
“Es un absurdo que no podemos naturalizar, continuó. Podemos revertir las cosas. Somos responsables de hacerlo”.
Marcelo Ferreira, a cargo de la Cátedra Libre de Derechos Humanos, abordó el desastre de Cromañón haciendo una distinción entre culpabilidad y responsabilidad. “Fue cínico que el Gobierno de la Ciudad buscara culpables mientras se acumulaban los informes que advertían que podía suceder lo que pasó”.
Por otra parte, Ferreira explicó el “desplazamiento vertiginoso que se produjo en los 90 de personas a una condición social peor, y entre ellas las más afectadas fueron los jóvenes, que no tienen perspectivas y que son blanco del desprecio y los prejuicios”.
El presidente del Centro de Estudiantes, Carlos Garberi, enfatizó que “la Dictadura fue instaurada por la clase social que domina actualmente”. Remarcó la continuidad “de un modelo de desocupación masiva, que es paradigma de corrupción. Como consecuencia de la corrupción, Cromañón es normal en el sistema capitalista, desde que la corrupción es alguien vendiendo y alguien comprando”.
El representante estudiantil advirtió asimismo que “no hablamos sólo de Cromañón; lo mismo sucedió con la contaminación de las napas o con el choque de trenes de trenes de hace unos días, que podrían haber terminado en otro desastre. Esto es producto de la falta de inversión de las empresas que se están llevando todas sus ganancias. Este modelo producirá nuevos Cromañones en cualquier momento”.
El profesor Juan Rosales, titular de la Cátedra Abierta de Estudios Americanistas y abuelo de uno de los chicos muertos en Cromañón, argumentó que “esto no fue azaroso, pero si nos quedamos en los funcionarios corruptos corremos el riesgo de no ver las masacres, las sangrías de jóvenes que parece ser parte de nuestra cultura. En el Antiguo Testamento se narra con horror cómo en tierra de cananeos se inmolaba niños y jóvenes al dios Baal. Arrojados a una efigie del dios, los jóvenes caían por sus manos extendidas al vientre incandescente del monstruo, mientras alrededor los músicos tocaban para que la gente no oyera los gritos de sus hijos que eran quemados vivos”.
“No se entiende, continuó Rosales, que mientras se hable de mejorar la educación y la salud, más del 60% de los chicos estén bajo la línea de pobreza. Miles de chicos en Buenos Aires andan por las calles, van a parar a las comisarías donde son maltratados, las chicas son arrojadas a la prostitución, la droga se encarniza con ellos. El gatillo fácil tanto como la exclusión social, cultural, humana, los arrojan a la miseria y a la muerte.… Hay una constante sacrificial. Hay un sistema para el cual el sacrificio de los jóvenes parece ser funcional. Un sistema que se alimenta en particular de la sangre joven. Las beneficiarias son unas minorías, que han naturalizado su poder y sus privilegios, al precio de la vida de la infancia, la juventud, los pobres, presentándolo como algo fatal e irremediable. Nos educaron en la resignación, en la impotencia, en la incapacidad de modificar esta realidad injusta. Leo en los diarios, por ejemplo, que se culpa a los chicos mismos por lo que les pasó en Cromañón. Un diario hablaba de «sentimiento de autodestrucción» y que en definitiva «eligieron ir ahí». ¿Eligieron? ¿Quién les ofreció elegir entre la vida y la muerte?. La cultura del "por algo será" nos volvió cómplices conscientes o inconscientes de la dictadura. La cultura del "no te metás", del mirar para otro lado, del "a mí y a los míos no nos va a tocar" nos hace cómplices de la irresponsabilidad, la corrupción, el negocio de los mafiosos. Nos contamina de insensibilidad, de temor, de egoísmo. ¿Cómo podremos asegurar la verdad, la justicia, la verdadera democracia que anhelamos si no asumimos nuestra responsabilidad ciudadana, no tomamos en nuestras propias manos los asuntos que atañen a nuestra vida y la de nuestros hijos, hermanos, compañeros?
Rosales terminó parafraseando también a Tucídides: “El secreto de la felicidad está en la libertad, y el secreto de la libertad está en el coraje".

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