| Atrapados, texto de Rodolfo interpretando la obra premiada en el Concurso Nacional de Dibujo - Leído en General Pico el 30/11 y el 30/12 en la Plaza Cromañón | |
|
Estemos o no concientes de ello, la
noche del 30 de diciembre de 2004, clavó para siempre una
estaca en el corazón de la sociedad argentina. Una estaca
encendida. Al modo de una bengala, esa estaca
puede iluminar el camino, mostrarnos desnudos y pidiendo ayuda o
quemarnos y asfixiarnos si nos quedamos atrapados en la imposibilidad
de una salida. “Atrapados” es
una alegoría de nuestra realidad, antes y después
de Cromañón. Aquí, centenares de manos
intentan salir, algunas más nítidas o
más etéreas, manos jóvenes.
Desesperadas aunque abiertas, confiadas, dispuestas a entregarlo todo.
Manos que ayudan, aún en las peores circunstancias. Pero hay
cadenas y candados, gigantescos aunque apenas perceptibles, poderosos
pero disfrazados tras la inocencia de lo cotidiano. Tan cerrados los candados, tan
tensas las cadenas. Están allí, ya estaban el 30
de diciembre. Pero son tan fuertes, tan cotidianas, tan transparentes,
que sólo las vimos cuando fue tarde, cuando el humo empezaba
a cubrir el aire y esas cadenas mostraron todo su poder, cuando la
muerte fue palpable, llegando al cuerpo mismo de nuestros
jóvenes en un camino sin retorno para ellos y para muchos de
nosotros. Pero
¡alto! No nos vayamos lejos. No huyamos
refugiándonos en la lástima. No construyamos
argumentos de disculpa. Tenemos delante a centenares de manos que
dirigen sus palmas abiertas hacia nosotros. ¡¡Hacia
nosotros!! Nos gritan, están desnudas, nos piden ayuda. Nos
imploran que actuemos. Veámoslo así
por un momento: se trata de un espejo. Allí están
nuestras manos, implorando
ayuda; estamos atrapados. ¡Estamos atrapados! Necesitamos
salir. Nos asfixiamos. Necesitamos salir. El humo nos cubre. Pero hay
cadenas. Pero hay candados. ¿Acaso no los vemos?
¿Tendremos que llegar al momento en que nos corra la muerte
para darnos cuenta? Tan duro, tan fuerte, tan profundo
es lo que nos provocó la noche del 30 de diciembre que
muchas cosas se alinearon de modo diferente entre nosotros, tal vez
logremos verlo. Por ejemplo, parecía que
teníamos un Jefe de Gobierno progresista, que
quería cambiar las reglas del juego y gobernar para la
gente. Su progresismo se diluyó ante la tentación
de abrir cajas de financiación para la política
fácil, la que no requiere trabajo, construcción,
paciencia, sólo buena prensa, linda imagen. El progresismo
que confunde la defensa de la democracia con la defensa del
sillón del Jefe; que tergiversa las herramientas del pueblo,
como un plebiscito y las transforma en atornilladores para quedarse;
que se niega a investigar y rendir cuentas; que corre a reunirse al
día siguiente con los empresarios de la noche para
“armar coartada”; que desprecia a los familiares y
sobrevivientes tomándolos por imbéciles que
pueden ser manipulados por un opositor. El progresismo se alineó
del otro lado y alimenta fantasmas para aislar a quienes nos movemos
tras la necesidad de la justicia y la memoria. Hace unos
años, los poderosos decían “son
subversivos”; ahora dicen: “golpe
institucional”. Siempre se trata de lo mismo, desacreditar y
meter miedo. Es un mensaje eficaz en la Argentina. Pero no sólo es el
progresismo de los oficialistas de la Ciudad de Buenos Aires. Nuestro
Presidente, el de “un país en serio” no
ha hecho otra cosa que esconderse en Santa Cruz, especular con las
conveniencias electorales y cerrar filas en la corporación
política. Parecía,
también, que había empresarios desinteresados,
que promovían el arte y a los jóvenes, pero nos
encontramos con uno de ellos, uno de los buenos, querido en el
ambiente, que mostró el modo de operar de este capitalismo
salvaje: todo está calculado para la ganancia, no importan
los costos, no importa la gente, los chicos no importan.
Necesitó de la complicidad del policía, del
bombero corrupto, del político que mira para otro lado y
recauda y muchos, muchos que pagan su entrada. Los empresarios hicieron
silencio. Hoy reclaman libertad de empresa, no tantos controles, siguen
del otro lado de la línea. Parecía, claro, que
algunas bandas de rock representaban realmente a lo nuevo, a los
más jóvenes y un mensaje a su favor, contra la
injusticia y la marginación. Pero eso fue
acompañado por una gran irresponsabilidad, temeridad en el
doble mensaje a su público. ¿Qué
esperanza en un futuro de lucha puede ser consecuente con impulsar a
los seguidores a bordear la muerte? Después, el silencio, la
justificación. Los músicos no se pronuncian, no
anuncian reglas nuevas, no sanean el ambiente. Muchos quedan del otro
lado. Por último, la
irresponsabilidad de la pirotecnia, del “no me importa que
los demás me pidan que la corte, hago la mía, no
pasa nada”. ¿De qué lado quedan cientos
y miles de jóvenes que siguen a sus músicos?
¿Habrán entendido que el juego en
algún punto se acaba y empieza a jugarse la vida? Pero no ya
solo la propia vida sino la del otro, del que quiere disfrutar la
música, la alegría, la cultura. Pero
¡alto! No nos vayamos lejos. No huyamos
refugiándonos en la lástima. No construyamos
argumentos de disculpa. Tenemos delante a centenares de manos que
dirigen sus palmas abiertas hacia nosotros. ¡¡Hacia
nosotros!! Nos gritan, están desnudas, nos piden ayuda. Nos
imploran que actuemos. Que actuemos Julián y los chicos de
Cromañón Presentes Ahora y siempre
|
![]() ![]() Ver Obra Ganadora |
|
Volver a Acto del Año<<>>Obra Ganadora <<>>Dictamen del Concurso<<>> Imprimir Página<<>>Mail a Rodo |
|